Adiós Yankee Stadium

NUEVA YORK — Treinta y siete Series Mundiales… Cuatro Juegos de Estrellas… Juegos de fútbol americano… Tazones colegiales… Partidos de fútbol soccer… Peleas de campeonato mundial de boxeo… Misas papales… Homenajes y recuerdos para la posteridad…
El tiempo se extingue para la casa que Ruth construyo… Las horas están contadas para el sendero inmortal de Mickey Mantle… Los minutos se pierden para el campo de los sueños de Lou Gehrig… Y los segundos desaparecen en el diamante de DiMaggio, de Berra, de Maris, de Dickey, de Rizutto, de Whitey y de Thurman Munson.
¿Cuál habría sido el momento culminante del Yankee Stadium? Hay tantos que es difícil definirse por uno. Para muchos, tiene que ver con los cuentos de hadas que blanco y negro dibujaban aquellos superhéroes vestidos de peloteros. Ese tipo de historias las encabeza Babe Ruth, el legendario beisbolista que desapareció hace muchas décadas, pero cuyo legado sigue intacto…
La seguridad… La seguridad parece el punto más importante de los últimos instantes del legendario escenario. Pero no se trata de algún tipo de ataque o de daño que alguien pretenda hacerle a un sitio donde muchas historias de vida, de amor y de pasión prosperaron para siempre. Los Yankees y la policía de Nueva York estarán cuidando todo el fin de semana para que ningún aficionado trate de arrancarle alguna parte a la estructura para coleccionarlo o incluso venderlo como un souvenir. Las razones sobran… El deseo se impone y la ilusión acobarda los sentidos.
Para otros, el escenario fue famoso por la cantidad de juegos, de campeonatos y de Series Mundiales que los Yankees conquistaron aquí. Pero nadie olvida aquel juego por el campeonato nacional de fútbol, el 28 de diciembre de 1958, cuando los Colts de Baltimore le ganaron en tiempo extra a los Gigantes de Nueva York, con un dramático pase del quarterback Johnny Unitas.
O tal vez, la primera pelea televisada de boxeo, Max Baer ante Lou Nova, por el título mundial de peso completo en 1939 ó un poco antes, el histórico triunfo de Joe Luis ante Max Schmeling. Las razones para recordar la esquina de la calle 161 y la River Avenue del Bronx son demasiadas.
No muy lejos de aquí, apenas al otro lado de la calle 161, está el nuevo Yankee Stadium, que se inaugurará con la temporada del 2009… Costó 1,6 billones de dólares y tendrá aforo para 52.325 fanáticos, además de todos los lujos, las comodidades y la tecnología que acompaña a la época… Este será el lugar en donde los Yankees esperan seguir construyendo su grandeza…
La noche se extingue entre los rascacielos de Manhattan…
Las luces resplandecen sobre el río Hudson…
Y los murmullos se imponen en el corazón de Times Square…
Los tiempos exigen modernidad. Eso es verdad, pero nada parece acallar las pulsaciones, el recuerdo, la nostalgia, el romanticismo, el amor, el espíritu y todo lo que el Yankee Stadium significó para el béisbol y para la humanidad…
La casa que Ruth construyó, “La Catedral”, el escenario, el templo, el sitio apaga sus luces el domingo por la noche… No así su legado, permanente, intocable, sagrado…


